¿Cómo crear un hogar si no perteneces a ningún lugar? ¿Cómo reafirmas tu cultura si tu pueblo no es reconocido por ningún estado? Estas preguntas deben repetirse en la cabeza del pueblo Rohingya. Los rohingyas son una minoría musulmana y están reconocidos como el pueblo más perseguido del mundo actual, ningún país los reconoce como ciudadanos, por lo que, legalmente, no pertenecen a ningún lugar.

La situación de este pueblo se presenta cada vez más difícil, en agosto de 2017 la violencia terrorista se multiplicó en el estado de Rakhine en Myanmar, lugar en el que los rohingyas estaban asentados. Este estallido de violencia tuvo como objetivo principal al pueblo Rohingya.

Debido a los ataques constantes, se calcula que desde 2017 más de 650.000 personas huyeron desde Myanmar a Bangladesh sin nada que llevarse, según organismos internacionales más de la mitad de estos refugiados son niños y niñas. En Bangladesh tuvieron que instalarse en casas hechas de plásticos y palos en zonas marginales y guetos. Manuel Fontaine, director de los Programas de Emergencia de UNICEF explica que la crisis de los rohingyas “puede tardar años en solucionarse, a no ser que centremos los esfuerzos en las causas”

Pero con la llegada de la época de los monzones, los rohingyas ven peligrar su escasa estabilidad. Durante este periodo, sus condiciones de vida se ven empeoradas por deslizamientos de tierras, derrumbe de viviendas e inundaciones de los puntos de agua potable y los baños que pueden provocar contaminación de aguas y brotes de enfermedades.

Según el representante de UNICEF en Bangladesh, Edouard Beigbeder, durante la estación de ciclones y monzones, “cientos de miles de niños y niñas que viven en condiciones terribles, enfrentarán un riesgo aún mayor de enfermedades y nuevos desplazamientos”. Además debido a las condiciones meteorológicas los espacios de infancia y aprendizaje pueden verse afectados,por lo que los niños y niñas perderían el único lugar en el que consiguen olvidar la situación extrema en la que viven.

Desde UNICEF llevan a cabo numerosas acciones en la zona para que el pueblo Rohingya sufra lo menos posible los efectos de la estación de monzones y ciclones. Se encargan de la reubicación de familias que viven en zonas de gran peligro a lugares más seguros, colocan los inodoros y los puntos de agua en zonas altas para evitar la contaminación de estas y establecen servicios móviles de salud y nutrición para los más débiles en zonas conflictivas, adelantándose a la llegada de los monzones.

UNICEF también realiza campañas de vacunación y de concienciación sobre higiene, además de organizar a las personas líderes de cada grupo para que guíen a los demás en los momentos más peligrosos, entre ellos se encuentran las “Madres Modelo”, mujeres a las que capacitan para que comuniquen los mensajes de salud e higiene entre sus comunidades.
La Fundación Esperanza Pertusa se ha aliado a UNICEF para conseguir que el pueblo Rohingya pase por la época de monzones de la forma menos traumática posible, teniendo a su alcance recursos para sobreponerse de enfermedades y situaciones límite.

Con este proyecto contribuimos al Objetivo de Desarrollo Sostenible 6: Garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible para todos